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Memento Mori: recuerda que morirás

Divisor El Estoico
ESCRITO POR: Pepe García ·
18 octubre 2019
Memento Mori
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El tiempo pasa para no volver nunca jamás. Memento Mori es una expresión latina que nos recuerda precisamente la finitud de la vida. Se traduce como «recuerda que morirás», y su intención es que aprendamos a bailar con la muerte, esa desconocida que nos acompaña a diario.

«¿Qué hay después de la vida?» es la gran ecuación que la humanidad trata de resolver antes de tiempo. En este artículo propongo cambiar la pregunta por otra más estimulante: «¿Cómo estoy viviendo la única vida que tendré?»

En el artículo de hoy voy a hablar del concepto de Memento Mori: cómo surgió, en qué se diferencia del Carpe Diem, cómo pretende el estoicismo que lo interpretemos y varios ejercicios prácticos que incluyo en mi libro «Siempre en pie» y en mi programa «Memento Mori».

¿Vivirías igual si supieras que te queda poco tiempo en este mundo? Los estoicos meditaban sobre la muerte a diario, práctica conocida como «Memento Mori». El problema es que nos tomamos la respuesta un poco a broma, sin ser realmente conscientes de que, inevitablemente, algún día ocurrirá. Muchos se van por sorpresa, sin tiempo para despedirse. Vale la pena recordar la fugacidad de la vida.

Significado y origen de Memento Mori

Como decía en la introducción, el significado de Memento Mori es simple: recuerda que vas a morir. Pero este significado debe ser interpretado con cierto tiento. No significa que debamos ver nuestra vida con el pesimismo que puede implicar saber que vamos a morir, sino todo lo contrario: valorando cada minuto. Cumpliendo nuestro propósito en este mundo. Abrazando el momento presente.

Tiene su origen en una costumbre de la Antigua Roma. Cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, tras él un siervo se encargaba de recordarle las limitaciones de la naturaleza humana, con el fin de impedir que incurriese en la soberbia y pretendiese, a la manera de un dios omnipotente, usar su poder tiránicamente:

«Respice post te, hominem te esse memento» («Mira hacia atrás, recuerda que sólo eres un hombre»).

¡Qué momento para recibir tal recordatorio! Imagínate estar en el momento mas glorioso de tu vida y escuchar que vas a morir! Nada como el estoicismo para tener los pies en el suelo.

Similitudes y diferencias entre Memento Mori y Carpe Diem

¿Significan lo mismo Carpe Diem y Memento Mori? Desde mi punto de vista, no.

Aunque la idea final puede ser la misma (vive la vida mientras estés aquí), la aproximación a cómo vivir no se aborda de la misma manera. Antes de explicar ambos conceptos, insisto que soy yo quien lo entiende de esta forma y para nada estoy dogmatizando que todo el mundo deba interpretarlos igual.

En mi caso, el Memento Mori lo relaciono más con el estoicismo y el Carpe Diem con el hedonismo. Entiendo que los estoicos se aproximaban al recordatorio de que vamos a morir desde las virtudes y la serenidad estoicas. Empleando nuestro tiempo con rectitud, valores, acciones éticas orientadas al bien cómún, pero también manteniendo la calma ante las adversidades, sabiendo prescindir de los bienes exteriores siempre que se interpongan en nuestra felicidad. Tratando con justicia al prójimo, moderándonos ante los placeres, enfrentándonos a lo que nos inquieta y ponderando nuetras acciones con sabiduría.

Es decir, poniendo en perspectiva la muerte con la intención de vivir una vida plena, pero sobre todo en consonancia con lo que la muerte realmente es: una fase más de la vida.

El Carpe Diem lo entiendo como un «ya que me voy a morir, voy a vivir de la mejor forma posible». Y, aunque es un razonamiento muy válido y a primera vista podría asemejarse al Memento Mori, la aproximación es distinta y, en mi opinión, menos virtuosa. Más egoísta y menos generosa.

«Como de algo me tengo que morir, voy a echarme otro pitillo». «Esto me beneficia ahora y es lo que necesito, si perjudica a otro que se apañe por su cuenta». «Aunque no puedo costeármelo, voy a hacer este viaje porque sólo se vive una vez».

Viéndolo así, quizás no parezca la forma más inteligente de vivir.

Todos conocemos a personas que se dejan arrastras por los placeres, que no tienen ningún tipo de disciplina y (oh, sorpresa) viven constantemente atormentadas y quejándose porque no suelen ser capaces de conseguir objetivos relevantes en sus vidas. Se sienten unos desgraciados y para ellos, los demás tienen suerte. Pero no se pierden un plan de fin de semana ni unas vacaciones caras en la playa. «Sólo se vive una vez, hagamos que la vida sea una fiesta». «La moderación es cosa de amargados y reprimidos, que nunca serán felices».

Mientras escribo estas palabras se me vienen varias personas a la mente, por lo que es seguro que estaré sesgado a la hora de poner ejemplos. Animo a quien me lee que interprete estos conceptos a su manera y compare las vidas de quien conoce por si su interpretación se encuentra en algún punto con la mía.

Por qué recordar la muerte

Por increíble que parezca, son los recordatorios como este los que necesitamos en nuestras propias vidas. Es cierto que se trata de un pensamiento o una idea que preferiríamos ignorar. Hacer todo lo posible para evitar y fingir que no es cierto. Pero lo es. Y debemos aceptar que hay un simple hecho al que la mayoría de nosotros tememos enfrentarnos: vamos a morir. Y todos los que están a nuestro alrededor también morirán.

De primeras, pensar en la muerte parece una idea horrible. ¿Quién quiere pensar en la muerte?

Pero, ¿y si en lugar de tener miedo y no querer abrazar esta verdad hiciéramos lo contrario? ¿Qué pasaría si el hecho de reflexionar sobre la muerte fuera una simple clave para vivir la vida al máximo? Así es como debemos interpretar el significado de Memento Mori.

Mientras escribo estas líneas, se cumple un año de la muerte de una de las personas más importantes de mi vida. Se fue en menos de quince días. Sin embargo, hoy celebro internamente, como cada uno de los 365 días que han pasado desde su marcha, que tuve la oportunidad de disfrutar la que intuía sería nuestra última cena juntos.

Terminando una sesión del club de lectura, con el estado de presencia en el que habitualmente me deja, me preparé para la cena que me esperaba: «¿Y si fuera la última? ¿Cómo querrías recordarla? ¿Interrumpirás o escucharás? ¿Juzgarás o preguntarás? ¿Mirarás el móvil o los ojos?»

Gracias a hacerme estas preguntas en el momento adecuado (fruto de mi entrenamiento estoico), recuerdo alegre y con la conciencia tranquila que aquella última cena fue una de las más felices de mi vida con ella. Si no hubiera conocido el concepto de Memento Mori, tal vez hoy estaría arrepintiéndome.

Y es un ejercicio que podemos hacer todos: «Si esta fuera mi última comida con esta persona que tanto quiero, ¿cómo me gustaría recordarla?»

Interpretada correctamente, Memento Mori es una herramienta diseñada para crear prioridad y significado. Para tratar nuestro tiempo como un regalo y no desperdiciarlo en lo trivial y en vano. La muerte no hace que la vida no tenga sentido, sino que tenga un propósito.

Como nos cuenta Lev Tolstói en boca de Iván Ilich, imaginemos la tardía toma de consciencia de que ha llegado el momento de nuestra muerte y hemos vivido una vida mal vivida. ¿Se te ocurre una desgracia mayor? ¿Imaginas mayor tragedia que levantarte un día y preguntarte: «¿qué diablos he hecho con mi vida?»

Me pregunto mientras golpeo las teclas si este tiempo estará bien invertido. Sí, rotundamente. Es mi ejercicio «Memento Mori» de hoy: escribir sobre la muerte. Al hacerlo, tomo consciencia de ella. Y, si tú también lo haces mientras lo lees, el retorno de mi inversión será aún mayor. Porque la realidad es que, mientras lees estas líneas y yo las escribo, tú y yo nos estamos muriendo. Nos guste o no, lo aceptemos o nos resignemos, estamos más cerca de cruzar la meta. Marco Aurelio nos lo recuerda en sus «Meditaciones»: «Podrías dejar la vida en este momento. Deja que eso determine lo que haces, dices y piensas». Y lo que hago, digo y pienso en este momento está mereciendo la pena. Seguro.

Séneca, en sus inmortales «Cartas a Lucilio», nos brinda otra perspectiva. «No pienses en la muerte como algo futuro, porque todo el tiempo pasado ya se ha muerto también». De la misma manera que el reloj de arena no se vacía con el último grano sino con todos, nuestra vida no se termina con el último día, sino con todos los que hemos vivido antes. Este momento, este día de hoy, estamos muriendo. Jamás recuperaremos este tiempo. Será distinto pero no será este.

El pintor francés Philippe de Champaigne expresó un sentimiento similar en su pintura «Naturaleza Muerta con Calavera», que mostraba los tres elementos esenciales de la existencia: el tulipán (vida), el cráneo (muerte) y el reloj de arena (tiempo).

Memento Mori
Memento Mori

Como dijo el escritor Edmund Wilson: «La muerte es la única profecía que nunca falla». Toda persona nace con una sentencia de muerte. Nunca sabes cuándo puede suceder, pero sabes que pasará tarde o temprano.

El problema del Memento Mori

Lo difícil de pensar a diario en la muerte es que no la vemos. Cognitivamente sabemos que vamos a morir, aunque una parte interna de nosotros rechaza esta idea, y la pospone hasta que tengamos, quizás, 80 o 90 años.

El ensayista Nassim Taleb nos ofrece este mismo problema de la consciencia en «Antifrágil». Nos sobrecoge y nos duele más ver a un bebé llorando a nuestro lado que saber que se mueren cientos de niños al día por hambre. Porque al bebé lo vemos pero al resto de niños no.

Con la muerte ocurre igual.

Te serán familiares los pensamientos que cruzan tu mente cuando alguien cercano a ti se muere. «Tengo que vivir mejor, debo aprovechar el tiempo». Pensamientos que aparecen porque estás viendo la muerte de cerca. La estás palpando, aunque no sea la tuya. Pero, con el paso de las semanas, o los días, las aguas se calman y la rutina vuelve a imponerse en nuestras cotidianas vidas. Se te ha vuelto a olvidar que nos estamos muriendo.

Mi deber es recordártelo.

¿Cómo empezar a vivir?

¿A qué le temes más: a la muerte o la vida? Mark Twain plasmó su respuesta con maestría: «El miedo a la muerte se deriva del miedo a la vida. El hombre que vive plenamente está preparado para morir en cualquier momento».

La mejor forma que conozco de vivir plenamente es traer la muerte a la consciencia a diario, si no varias veces al día. Aprovechar más el tiempo, dejar de perderlo en cosas banales.

¿Porque crees que pensarás, moribundo, en tu lecho de muerte: «ojalá hubiera pasado más tiempo discutiendo en Twitter?» ¿O, por el contrario, pensarás: «ojalá me hubiera atrevido?»

Podrías responderme que no te importa ahora mismo porque no lo sabrás hasta que llegue el momento y quizás esté equivocado. A lo que yo te respondería que gracias al trabajo de la enfermera australiana Bronnie Ware sabemos de qué se arrepiente la gente antes de morir:

– «Quisiera haber hecho lo que quería y no lo que otros querían que hiciera».
– «Ojalá no hubiera trabajado tanto».
– «Ojalá hubiera expresado más mis sentimientos».
– «Quisiera haber dedicado más tiempo a los amigos».
– «Ojalá me hubiera permitido ser más feliz».

Como ves, querido lector, no hay ni rastro de redes sociales, programas basura de televisión, discusiones con desconocidos o tiempo desperdiciado haciendo scroll infinito en salas de espera. Hay mucho de personas, valentía, sentimientos, amistades, opiniones ajenas. Buenas pistas por las que comenzar a trabajar hoy.

En mi libro «Siempre en pie» también hablo de esta idea:

«La muerte es posiblemente la única certeza de la vida y, sin embargo, seguimos desperdiciando el tiempo como si no fuéramos a morir nunca. Siempre dejamos lo importante para luego, pues damos por sentado que la vida va a estar ahí esperándonos eternamente. Todo el mundo conoce a alguien que, después de recibir un diagnóstico grave, decide cambiar sus hábitos y empezar a cuidarse, ya que se da cuenta de que puede morirse antes de lo que piensa y es entonces cuando intenta ponerle remedio».

Querido lector, y repito lo de querido porque este artículo no es un reproche sino un abrazo y un mensaje de ánimo, puedes tomarte este artículo como tu diagnóstico personal: tienes una enfermedad terminal, se llama vida, y algún día se terminará. Podrían quedarte tres horas, tres días, tres semanas, tres meses, tres años o tres décadas. No lo sé, pero empieza cuanto antes a vivir.

Podrías pensar que soy un hipócrita y que lo escribo muy a la ligera desde mi habitación, pero estamos en el mismo barco, compañero. Yo también tengo la misma enfermedad terminal que tú.

Dejar de procrastinar, empezar a vivir

Mientras matas el tiempo el tiempo te está matando a ti. ¿Cómo empezar a revertir esta situación?

Séneca nos da una pista en la primera de sus Cartas a Lucilio: siendo conscientes de dónde se nos escapa el tiempo y poniéndole precio. «No es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho», nos sentencia en «De la brevedad de la vida».

Hagamos unos números rápidamente, y te animo a que los repliques en tu propia vida:

– Si pasas 4 horas al día mirando el móvil, significa que pasas 120 horas al mes (4×30).

– 120 horas al mes son 5 días al mes mirando el móvil (120/24).

– Esos 5 días al mes mirando el móvil, multiplicado por los 12 meses que tiene el año, son 60 días al año mirando el móvil (5×12). Es decir, si pasas 4 horas al día mirando el móvil, se convierten fácilmente en dos meses cada año mirando el móvil. Una sexta parte. Eso significa que cada 6 años, pasas uno mirando el móvil. ¿De verdad es así como quieres vivir la vida?

Siguiendo con el ejercicio de Séneca, anotamos que se nos van 4 horas al día mirando el móvil. Si no nos parece suficiente daño desperdiciar nuestra vida así, podemos ponerle un precio, tal y como nos recomienda el sabio estoico. ¿Cuánto vale tu hora? Diremos que 10 euros, por ejemplo. Ello significaría que estás tirando a la basura 40 euros al día, 280 a la semana, 1200 al mes, 14.400 al año. Sólo debes imaginar que coges esa cantidad de dinero y la tiras a una papelera para no verlo nunca jamás.

El dinero, al menos, podrías recuperarlo con trabajo. Pero el tiempo no lo recuperarás jamás. Ese tiempo que tiras a la basura nunca volverá. Ahora recuerda los cinco arrepentimientos de las personas antes de morir, y vuelve a preguntarte: ¿es así como quiero vivir mi vida?

Marco Aurelio nos proporciona (también a sí mismo) una buena receta para tratar de darnos cuenta cuando estamos malgastando el tiempo: «Detente particularmente en cada una de las acciones que haces y pregúntate si la muerte es terrible porque te priva de eso».

¿Por qué tememos la muerte? ¿Por qué nos parece terrible? Porque nos priva de la vida, nos priva de ver a la gente que queremos. Pero, volvamos un momento al ejercicio de Marco Aurelio haciéndonos las preguntas oportunas:

¿La muerte es terrible porque te priva de ver gente bailando en TikTok? ¿La muerte es terrible porque te priva de ver crecer a tu hijo? ¿La muerte es terrible porque te priva de envejecer junto a las personas que más quieres? ¿La muerte es terrible porque te priva de ver la nueva edición del programa telebasura del momento? ¿La muerte es terrible porque te priva de ver las noticias?

Las respuestas a estas preguntas son personales, por eso no las he añadido. Cada uno debe hacérselas a sí mismo y valorar cuáles son sus respuestas. En función de ellas, quedará expuesto qué está valorando y priorizando en su vida por delante de todo lo demás.

Memento Mori: ¿Tragedia o bendición?

Cuando ponemos el tema de la muerte encima de la mesa, nos han enseñado a mirar para otro lado. «Hablemos de cosas más agradables», «vamos a cambiar de tema». El problema es que, haciendo esto, ignoramos la realidad. Y, cuando nos alejamos de la realidad, vivimos en ensoñaciones que son, de lejos, menos reales que la propia muerte.

Para mí la muerte es una bendición. No sólo para la propia vida, porque tener un final nos anima a enfrentarnos a empresas que no nos atreveríamos de vivir eternamente, sino también para el planeta. Imaginemos por unos segundos la población que habría de no haber muerto nunca nadie. Sería impensable.

Y si la muerte es una bendición, que existan filosofías como el estoicismo y tener la capacidad de meditar sobre ella para vivir mejor, es una alegría doble.

Vuelvo a rescatar de mi libro un extracto, esta vez de la mano de Steve Jobs:

«Recordar que moriré pronto es la herramientas más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones en la vida. Porque casi todo, todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el miedo a la vergüenza o al fracaso, estas cosas simplemente desaparecen frente a la muerte, y dejan sólo lo verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder».

El escritor y estoico moderno Massimo Pigliucci dice que uno de sus ejercicios favoritos para aprovechar el tiempo y recordarse que pronto va a morir es acudir a un cementerio para entender que su cuerpo pronto estará allí entre los muertos. Sin duda, junto a buscar obituarios en internet, una gran práctica para valorar la fugacidad de nuestra existencia.

Y hasta aquí el artículo de hoy. Muchas gracias por haber leído hasta aquí, porque lo has hecho agotando un tiempo que no recuperarás jamás. Si quieres aprender a practicar el Memento Mori, en este programa que he desarrollado concienzudamente encontrarás un Calendario de Vida, y 52 ejercicios semanales para que traigas a tu consciencia la muerte cada semana y actúes conforme a ello.

Aprovecha el tiempo, porque jamás lo recuperarás.

Memento Mori.

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QUIÉN ES PEPE GARCÍA
Pepe García, autor del blog El Estoico.

Pepe García es escritor, autor de «Siempre en pie», creador del podcast «El Estoico» y divulgador de filosofía estoica, tarea a la que se dedica de manera personal y profesional. Si no lo encuentras leyendo, quizás esté viajando, haciendo deporte, jugando al ajedrez o simplemente dando un paseo. Si quieres contactar con él, puedes hacerlo en cualquiera de sus redes sociales o en elestoico.com@gmail.com.

12 comentarios en «Memento Mori: recuerda que morirás»

  1. Te felicito por tus acertados comentarios sobre conceptos del estoicismo, me alegro que hayas dejado de procrastinar en un proyecto interesante como el de esta página.

    Responder
    • Hola Javier. Primero de todo, perdón por el retraso en contestarte. Estaba de vacaciones y no vi este comentario.

      Me hace muy feliz que esta página te ayude y te parezca acertada. Espero también que estés aprendiendo mucho y, sobre todo, que lo pongas en práctica, que es de lo que se trata ulteriormente.

      Si quieres que escriba sobre algo en especial, o necesitas algo por mi parte, no dudes en decírmelo.

      Muchas gracias por tomarte tu tiempo para dejarme un comentario, te deseo feliz día.

      Pepe.

      Responder
  2. Es impresionante la sabiduría que existía en esos tiempos y que hasta el dia de hoy se aplica en el hombre como la terapia cognitivo conductual en psicología. » Lo que sabemos es una gota de agua, lo que ignoramos es el océano». Gracias por el conocimiento brindado. Saludos.

    Responder
    • Hola Leonardo! Muchas gracias por tomarte el tiempo de dejarme un comentario. Como bien dices, lo que me fascinó del Estoicismo fue que hace 2000 años tenía tanto sentido como ahora. ¡Qué poco hemos cambiado! 🙂 Un saludo.

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  3. Soy nuevo en esto, conoci el Estoicismo por medio de Ryan Holiday y luego parti a leer a Séneca, Zenon, Marco Aurelio y Epicteto, Arriano, Rufo, Canton, todos una maravilla; pero quisiera saber adonde comprar libroa y recibirloa por PDF. Gracias

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    • Hola Tony. Muchas gracias por tu comentario. Puedes comprarlos en el apartado de mi página web llamado «Biblioteca Estoica». Si ahí lo compras para Kindle (en lugar de en formato físico), lo recibirás directamente en tu dispositivo (si te bajas la app de Kindle). Gracias!

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    • Hola Leonardo. Muchísimas gracias por tu comentario, me has alegrado el día. Feliz de que te haya gustado, espero seguir a la altura. Un abrazo!

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  4. Muchas gracias por la generosidad de Crear y compartir conocimiento con otros y más en tiempos revueltos y faltos de estímulos y de crecimiento… me alegro de haber descubierto este blog!! Ilusionada de aprender algo cada día!

    Responder
    • Hola Sarah! Muchas gracias a ti por tu comentario y tus palabras! Me hace muy feliz saber que puedo ayudarte desde el otro lado de la pantalla. Aquí estoy para lo que necesites y más activo en Instagram si necesitas resolver alguna duda en concreto sobre el estoicismo y su aplicación. Un saludo y gracias por tomarte el tiempo de escribirme 🙂

      Responder
  5. Excelentes aportes como siempre, muchas gracias por estas gotas de Luz que permites obtener a través de razonamientos tan positivos.

    Hace falta más luz para este mundo que al parecer está aburrido, buscando siempre el entretenimiento aún a expensas de situaciones negativas, y no el bienestar común que tanto nos merecemos todos como hermanos de este planeta.

    Muchas gracias, y les deseo un excelente inicio de semana a tod@s!

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